/* Blog de Alejandro Cataldo

jueves, octubre 20, 2005

¿Podemos hacer una clase de matemáticas entretenida o una de educación física aburrida?

(Publicado el 20/108/05)

Hace unos días conversaba con una amiga acerca de la escuela de sus hijos. Ella me comentaba que se había quedado trabajando ayudando a uno de ellos a preparar una tarea de educación física. Cuando me mostró lo que habían hecho me sorprendí porque era un cuaderno en el que dibujaban los pasos y reglas de los bailes folklóricos nacionales y de los deportes menos conocidos. Así con recortes, dibujos y texto manuscrito se pretendía enseñar al estudiante cómo bailar cueca o cómo jugar rugby. Yo le declaré mi duda porque pensaba que no había entendido bien, le pregunté “¿es un cuaderno de educación física?” A lo que me respondió afirmativamente. Pensé: Esa es la mejor forma de transformar a una asignatura - que en mi época de estudiante siempre fue la más popular entre mis compañeros - en aburrida, odiosa y, lo peor de todo, que no logra su objetivo que es enseñar”.

En efecto, déjenme darles un ejemplo, existen dos formas de enseñar a andar en bicicleta. La primera es que el aprendiz escriba en un cuaderno lo que el profesor dice acerca de cómo montar este vehículo (súbete, pedalea, no te detengas y mantén el equilibrio) o la otra es pasarle una bicicleta hacerla que la monte y que aprenda sin mayores explicaciones. La primera forma es el método tradicional de enseñanza en nuestras escuelas, centrado en el profesor y en donde el estudiante es sólo un espectador pasivo de su aprendizaje. La segunda forma es la activa, es decir, el protagonista de la enseñanza es el mismo estudiante y el profesor asume un rol pasivo, de guía, y de controlador de las condiciones de enseñanza. ¿Cuál de las dos es mejor? Por supuesto, en este caso, claramente el segundo método es el realmente efectivo.

Las metodologías activas tienen diferentes técnicas de implementación, están los ABC, ABP, los juegos de roles, las simulaciones, las dramatizaciones, los debates, etc. Cada una de ellas se aplica de mejor forma en diferentes escenarios pedagógicos pero todos tienen en común que el proceso de formación lo lidera el estudiante mismo y no el profesor.

Pero ¿esto se puede aplicar a asignaturas tan teóricas como las matemáticas? Por supuesto que sí. Acá aparecen, en mi opinión, otras formas de aprendizajes activos, los cooperativos, en el que los estudiantes no son sólo parte del proceso de enseñanza de si mismos sino también el de sus compañeros, un ejemplo de ello, son los juegos de roles y los debates. En el caso de las matemáticas también es posible aplicarlos, existen diferentes formas de enseñar activa y cooperativamente estas materias que en su forma tradicional parecieran ser aburridas y sin sentido práctico. Mi experiencia profesional así me lo ha enseñado.

Para finalizar, no quiero decir que una clase tradicional sea desechable sino que se debe aplicar en las formas y condiciones adecuadas. Pero ante todo, levanto la bandera de las metodologías activas y cooperativas como una buena manera de hacer más efectiva la enseñanza de asignaturas como las matemáticas caracterizada por el rechazo de muchos de sus alumnos y por otra parte una manera de evitar que ramos tan entretenidos como educación física retrocedan a un estado de inanición crónica.