La semana pasada comentábamos que la dependencia tecnológica de Chile representaba uno de sus mayores debilidades de acuerdo a lo que indicaba el Informe del PNUD 2006. Y nos planteábamos varias preguntas al respecto, pero todas en relación a por qué deberíamos preocuparnos por esto y cómo afectaba esta dependencia el desarrollo nacional. Ahora trataremos de responder estas interrogantes. Para ello usaremos un ejemplo que a mi me gusta sacar a relucir.
Cuando hace décadas, países como Estados Unidos o Rusia (Ex – URSS) se comprometieron en la carrera espacial e invirtieron millones de dólares en ello, en realidad no sólo estaban desarrollando otra arista de la lucha ideológica entre ambas naciones, sino que también estaban realizando una inversión a muy largo plazo que además les produciría retornos económicos muy altos y grandes externalidades positivas (como diría un economista). En efecto, imagínense lo que significó para estas naciones un desafío como el de colocar un hombre en el espacio (URSS) o en la Luna (EE.UU.). Primero fue necesario desarrollar la astronomía para saber los problemas que habría que resolver; luego la física para entender esos problemas; la medicina para cuidar que los astronautas pudieran estar a salvo; la termodinámica y la ingeniería de materiales para construir naves que pudieran despegar y aterrizar; las telecomunicaciones para las comunicaciones entre la nave y la Tierra; la computación para el procesamiento de los datos originados; las matemáticas para poder desarrollar la computación y la electrónica; y la lista sigue y es interminable para estas pocas líneas.
Pues bien, cuáles fueron los resultados además de los obvios hechos del Sputnik y el alunizaje de Ángstrom. La respuesta en el caso de Rusia es: venta y construcción de satélites espaciales instalados y arrendados y viajes espaciales o “Turismo espacial” que ahora los rusos ofrecen por la módica suma de quince millones de dólares, en síntesis el avance más significativo en ciencia y tecnología por lo menos hasta la década de los 90’s. Mientras que en el caso de los Estados Unidos, la respuesta es: los computadores personales, los sistemas de telefonía inalámbrica como celulares, los avanzados sistemas de codificación, la Internet, etc. (inclusive la ropa térmica). Pero también, los norteamericanos han obtenido el liderazgo tecnológico total e indiscutible; los mayores descubrimientos y adelantos en medicina; los más grandes avances en ciencia y los mejores científicos del mundo, las mayores empresas y las más grandes redes corporativas del globo. En síntesis, transformarse en la nación líder indiscutida del mundo.
Son tan grandes los resultados de ser líderes en ciencia y tecnología que hasta industrias tan lejanas como la cinematográfica se termina beneficiando de todos los nuevos descubrimientos e invenciones que esto conlleva (demás está decir que no he escuchado nunca reparar en el hecho que en el suelo lunar existe clavada una bandera norteamericana y no una de las Naciones Unidas – por ejemplo- con todo lo que eso significa).
Pero lo que digo no es nada nuevo. Los chinos, por ejemplo, ya conocen el valor de impulsar efectivamente la innovación tecnológica y el descubrimiento científico para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y transformarse en una nación desarrollada. Por ello durante años, enviaron a estudiar a sus jóvenes a las universidades norteamericanas (en una muestra de total pragmatismo y ausencia de ideologismo). Y hoy han pasado de ser una de las naciones más retrasadas a llegar a disputar el liderazgo tecnológico con los mismos norteamericanos. ¡Fíjense!, antes los productos chinos sólo eran imitación de mala calidad y de bajo costo de los fabricados en otras latitudes y hoy, la nación asiática, está fabricando equipos de alta tecnología qué sólo lo hacían los hijos del Tío Sam. ¡Y mire lo que son las cosas!... hoy están desarrollando su propia industria aeroespacial ¿por qué cree que estarán pensando esto los chinos?.
No se trata que Chile intente poner a un hombre en la Luna, tal vez estamos lejos económicamente de lograr eso o hay otras prioridades sociales, pero lo que es claro que si nuestra nación no comienza a impulsar el estudio científico y la innovación tecnológica y salir de su dependencia, tarde o temprano, nuestro desarrollo se verá estancado y nos sumergiremos en el retraso como país ¡la historia está llena de ejemplos! Y este es una tarea de todos, sector público y privado, capital y regiones, pobres y ricos, militares y civiles, profesores y estudiantes.
Cuando hace décadas, países como Estados Unidos o Rusia (Ex – URSS) se comprometieron en la carrera espacial e invirtieron millones de dólares en ello, en realidad no sólo estaban desarrollando otra arista de la lucha ideológica entre ambas naciones, sino que también estaban realizando una inversión a muy largo plazo que además les produciría retornos económicos muy altos y grandes externalidades positivas (como diría un economista). En efecto, imagínense lo que significó para estas naciones un desafío como el de colocar un hombre en el espacio (URSS) o en la Luna (EE.UU.). Primero fue necesario desarrollar la astronomía para saber los problemas que habría que resolver; luego la física para entender esos problemas; la medicina para cuidar que los astronautas pudieran estar a salvo; la termodinámica y la ingeniería de materiales para construir naves que pudieran despegar y aterrizar; las telecomunicaciones para las comunicaciones entre la nave y la Tierra; la computación para el procesamiento de los datos originados; las matemáticas para poder desarrollar la computación y la electrónica; y la lista sigue y es interminable para estas pocas líneas.
Pues bien, cuáles fueron los resultados además de los obvios hechos del Sputnik y el alunizaje de Ángstrom. La respuesta en el caso de Rusia es: venta y construcción de satélites espaciales instalados y arrendados y viajes espaciales o “Turismo espacial” que ahora los rusos ofrecen por la módica suma de quince millones de dólares, en síntesis el avance más significativo en ciencia y tecnología por lo menos hasta la década de los 90’s. Mientras que en el caso de los Estados Unidos, la respuesta es: los computadores personales, los sistemas de telefonía inalámbrica como celulares, los avanzados sistemas de codificación, la Internet, etc. (inclusive la ropa térmica). Pero también, los norteamericanos han obtenido el liderazgo tecnológico total e indiscutible; los mayores descubrimientos y adelantos en medicina; los más grandes avances en ciencia y los mejores científicos del mundo, las mayores empresas y las más grandes redes corporativas del globo. En síntesis, transformarse en la nación líder indiscutida del mundo.
Son tan grandes los resultados de ser líderes en ciencia y tecnología que hasta industrias tan lejanas como la cinematográfica se termina beneficiando de todos los nuevos descubrimientos e invenciones que esto conlleva (demás está decir que no he escuchado nunca reparar en el hecho que en el suelo lunar existe clavada una bandera norteamericana y no una de las Naciones Unidas – por ejemplo- con todo lo que eso significa).
Pero lo que digo no es nada nuevo. Los chinos, por ejemplo, ya conocen el valor de impulsar efectivamente la innovación tecnológica y el descubrimiento científico para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y transformarse en una nación desarrollada. Por ello durante años, enviaron a estudiar a sus jóvenes a las universidades norteamericanas (en una muestra de total pragmatismo y ausencia de ideologismo). Y hoy han pasado de ser una de las naciones más retrasadas a llegar a disputar el liderazgo tecnológico con los mismos norteamericanos. ¡Fíjense!, antes los productos chinos sólo eran imitación de mala calidad y de bajo costo de los fabricados en otras latitudes y hoy, la nación asiática, está fabricando equipos de alta tecnología qué sólo lo hacían los hijos del Tío Sam. ¡Y mire lo que son las cosas!... hoy están desarrollando su propia industria aeroespacial ¿por qué cree que estarán pensando esto los chinos?.
No se trata que Chile intente poner a un hombre en la Luna, tal vez estamos lejos económicamente de lograr eso o hay otras prioridades sociales, pero lo que es claro que si nuestra nación no comienza a impulsar el estudio científico y la innovación tecnológica y salir de su dependencia, tarde o temprano, nuestro desarrollo se verá estancado y nos sumergiremos en el retraso como país ¡la historia está llena de ejemplos! Y este es una tarea de todos, sector público y privado, capital y regiones, pobres y ricos, militares y civiles, profesores y estudiantes.


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