Generalmente, los adultos creemos que los niños están para que les demos lecciones y no para ellos nos las den a nosotros. Pues bien, con los acontecimientos de las últimas semanas, debemos reconocer que han sido nuestros hijos los que nos han dado una muestra de civismo, solidaridad, idealismo, pacifismo y organización que nadie se hubiera imaginado nunca. En efecto, los estudiantes de Chile están poniendo “el dedo en la llaga” y en la forma adecuada. Lo que ellos reclaman no sólo es legítimo, es justo. Ellos han demostrado tener una visión que los adultos, envueltos en un pragmatismo paralizante, no hemos tenido. Y ¿cuál es este problema? En esencia dos: la mala calidad de la educación y su escandaloso grado de discriminación por ingreso.
Nadie puede negar que nuestra educación es pésima, observe: en el Test internacional PISA, aplicada a los estudiantes del 15 años se demostró que a nivel de lectura Chile se ubica entre los países de más bajo resultado (superando sólo a Brasil, Macedonia, Albania, Indonesia y Perú), es sabido además que ¡EL 70% DE LOS ADULTOS NO ENTIENDE LO QUE LEE! Fíjese además que los estudiantes que entran a la Universidad Católica apenas manejan un vocabulario básico (entonces ¿qué se ha de esperar de las otras Casas de Estudios?) [Ver Mercurio 04 de junio] y que nuestros estudiantes más aventajados apenas llegan a estar en los niveles aceptables de conocimientos internacionalmente aceptados. Con respecto a las matemáticas los resultados no son más alentadores, nuestros hijos saben las operaciones básicas pero no saben cómo o donde aplicarlas.
Por otra parte, ni que hablar de la discriminación. Por ejemplo: los colegios municipales reciben $30.000 por alumno (eso es lo que gasta “nuestro Estado” en “nuestros hijos”) mientras que en un colegio particular, el privado gasta en promedio $140.000. Los resultados están a la vista: en la prueba SIMCE, que mide la calidad de la educación, “la brecha entre la enseñanza estatal y la privada se manifiesta grotescamente, (por ejemplo) en el 2004, el 70% de los colegios que reciben a alumnos de estratos bajos mantuvo los malos resultados expresados en todas las pruebas anteriores; incluso un 12% empeoró el rendimiento” [Marcel Claude]. Menciónese que los colegios particulares reciben sólo el 8,5% de los estudiantes chilenos, es decir, ¡9 de cada 10 alumnos están condenados a una educación, a lo menos, “pobre”!.
Claramente las medidas que el Estado ha aplicado son un fracaso. Partiendo por la municipalización, siguiendo con la Jornada Escolar Completa, el aumento en la inversión pública en educación, la obligatoriedad de la enseñanza media, los cambios curriculares, etc.
Lo peor de todo es que lo que digo no es nada nuevo. Estos datos son conocidos por años y son públicos (todos lo sabemos). Pero ¿qué hemos hechos los adultos? Nada, nos quedamos sentados viendo cómo nuestros hijos son condenados a una educación preocupada más de la instrucción que del conocimiento. Y esto ¿por qué? Porque simplemente, la sociedad, el Estado, el Gobierno y finalmente nuestros políticos no están preocupados realmente de la educación chilena, y esa es la lección que nos queda. Pero el costo no lo pagaremos nosotros sino nuestros hijos, los mismos que están luchando ahora por una enseñanza de calidad.
Lo que digo no es palabrería sino constatación de hechos que ya se están haciendo realidad. Basta pensar solamente que este año, Santiago, ya perdió el liderazgo latinoamericano que ostentaba por años en el ranking de competitividad internacional quedando en segundo lugar y ¿la causa? El capital humano. Si esto no se cambia, en el mediano y largo plazo se compromete nuestro crecimiento económico, nuestro desarrollo e inclusive nuestra estabilidad social y política.
Por eso muchachos, parafraseando a Marx: “Estudiantes de Chile, Uníos”.


2 Comentarios:
Movilización es con V no con B!
Yo sé que "movilización" es con V y no con B sólo estaba siendo "irónico"...
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