Por qué dejé la Concertación
Voté por años por la Concertación. Soy de los que tenía una esperanza infantil por la presidencia de Lagos, ¡incluso trabajé en su campaña! (Reconozco también que Bachelet fue un pequeño resucitar de un leve anhelo). Pero desde ahí mi desilusión comenzó ya a ser una convicción: La Concertación había dejado de ser la de los partidos por la Democracia y se había transformado en la de los acomodados tecnócratas y amarillos (como dice José Antonio Gómez). Pero para que los que les gusta decir por qué la Concertación perdió el poder -como, Francisco Vidal- acá va mi testimonio con un breve listado de por qué dejé de votar por la Concertación:
• Por la des-nacionalización del cobre,
• Por el financiamiento compartido en los colegios subvencionados,
• Por el desfinanciamiento creciente y sostenido de las Universidades estatales y llevar a la educación superior pública a su casi destrucción,
• Porque en lo de la educación, firman “acuerdos” y se sacan fotos alzando los brazos, desconociendo completamente lo que la mayoría nacional y sus propias bases les mandata y pide,
• Por la privatización del agua,
• Por los tratados de libre comercio y el aumento “temporal” del IVA,
• Por el risible Royalty y haber ocultado la inamovilidad impositiva para las grandes mineras,
• Por abandonar las empresas públicas y comprarse el “cuento” de la eficiencia y la auto-sustentabilidad,
• Porque no cumplieron con una nueva constitución ni con la derogación de la ley de amnistía,
• Por no sólo no haber cambiado el Binominal, sino que además haberse acomodado en su seno,
• Por no promover los plebiscitos,
• Por llevar 21 años co-gobernando y echándose la culpa mutuamente con la derecha,
• Por no haber enjuiciado al Dictador y las cárceles de lujo para los torturadores y asesinos,
• Por la extrema centralización y creer que desde un escritorio en una oficina con aire acondicionado en Santiago Centro pueden “telecomandar” todo el país,
• Por el Transantiago,
• Por la Isapres y creer que el Auge es la solución,
• Por los multifondos de las AFP,
• Por no pagar la deuda histórica,
• Por el 7% de los jubilados,
• Por haber inventado primarias “truchas,”
• Por las extrema concentración de la riqueza, y la negación fantástica de la extrema pobreza
• Por las ciudades segregadas,
• Por las autopistas concesionadas, creyendo que nos engañan diciéndonos que los “privados” son los únicos que las pueden hacer,
• Por ser responsables de la concentración de los medios y haber destruido la prensa que se atrevió en la dictadura,
• Por la represión contra los Mapuches y la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado,
• Porque cuando dejan el sillón público se van corriendo a las faldas de una empresa privada,
• Por el uso morboso y obsesivo de encuestas,
• Etc.
Y ahora último: porque vociferan como vieja chillona contra el Gobierno y terminan firmando “protocolos” (léase: carta de buenas intenciones) contra la gente, creyendo además que no sabemos lo que hacen. También, por no haber luchado por un reajuste justo para los empleados públicos ni por sus despidos.
En síntesis, dejé de votar por la Concertación porque creyeron que somos tontos y no nos dábamos cuenta de lo que estaban haciendo.
Voté por años por la Concertación. Soy de los que tenía una esperanza infantil por la presidencia de Lagos, ¡incluso trabajé en su campaña! (Reconozco también que Bachelet fue un pequeño resucitar de un leve anhelo). Pero desde ahí mi desilusión comenzó ya a ser una convicción: La Concertación había dejado de ser la de los partidos por la Democracia y se había transformado en la de los acomodados tecnócratas y amarillos (como dice José Antonio Gómez). Pero para que los que les gusta decir por qué la Concertación perdió el poder -como, Francisco Vidal- acá va mi testimonio con un breve listado de por qué dejé de votar por la Concertación:
• Por la des-nacionalización del cobre,
• Por el financiamiento compartido en los colegios subvencionados,
• Por el desfinanciamiento creciente y sostenido de las Universidades estatales y llevar a la educación superior pública a su casi destrucción,
• Porque en lo de la educación, firman “acuerdos” y se sacan fotos alzando los brazos, desconociendo completamente lo que la mayoría nacional y sus propias bases les mandata y pide,
• Por la privatización del agua,
• Por los tratados de libre comercio y el aumento “temporal” del IVA,
• Por el risible Royalty y haber ocultado la inamovilidad impositiva para las grandes mineras,
• Por abandonar las empresas públicas y comprarse el “cuento” de la eficiencia y la auto-sustentabilidad,
• Porque no cumplieron con una nueva constitución ni con la derogación de la ley de amnistía,
• Por no sólo no haber cambiado el Binominal, sino que además haberse acomodado en su seno,
• Por no promover los plebiscitos,
• Por llevar 21 años co-gobernando y echándose la culpa mutuamente con la derecha,
• Por no haber enjuiciado al Dictador y las cárceles de lujo para los torturadores y asesinos,
• Por la extrema centralización y creer que desde un escritorio en una oficina con aire acondicionado en Santiago Centro pueden “telecomandar” todo el país,
• Por el Transantiago,
• Por la Isapres y creer que el Auge es la solución,
• Por los multifondos de las AFP,
• Por no pagar la deuda histórica,
• Por el 7% de los jubilados,
• Por haber inventado primarias “truchas,”
• Por las extrema concentración de la riqueza, y la negación fantástica de la extrema pobreza
• Por las ciudades segregadas,
• Por las autopistas concesionadas, creyendo que nos engañan diciéndonos que los “privados” son los únicos que las pueden hacer,
• Por ser responsables de la concentración de los medios y haber destruido la prensa que se atrevió en la dictadura,
• Por la represión contra los Mapuches y la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado,
• Porque cuando dejan el sillón público se van corriendo a las faldas de una empresa privada,
• Por el uso morboso y obsesivo de encuestas,
• Etc.
Y ahora último: porque vociferan como vieja chillona contra el Gobierno y terminan firmando “protocolos” (léase: carta de buenas intenciones) contra la gente, creyendo además que no sabemos lo que hacen. También, por no haber luchado por un reajuste justo para los empleados públicos ni por sus despidos.
En síntesis, dejé de votar por la Concertación porque creyeron que somos tontos y no nos dábamos cuenta de lo que estaban haciendo.

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